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¿Quién es el dueño de mi “A”?

¿Quién es el dueño de mi “A”?

<img src="https://compagnia-dello-yoga.it/wp-content/uploads/dummy-transparent-omc2i23x5v4akv1pahgd0wakouz3ncowextypw0ou0.png" alt="¿Quién es el dueño de mi "A"?"

Por Raquel Soler Publicado el 26 de julio de 2015 , Training & Education¿Quién es el dueño de mi “A”?2015-07-262017-11-25Raquel Soler/plagiarism.png 0

Con el aumento del aprendizaje social, el aprendizaje y la colaboración en grupo es cada vez más común en el aula. Los estudiantes pueden usar google docs, wikis y powerpoints para crear sus proyectos de grupo, y conectarse a distancia para producir su trabajo. Los investigadores están observando la tendencia y se preguntan si esta “inteligencia colectiva” se traducirá en un aumento de la “creatividad, la innovación y la invención” (Gray et al., 2013).

Si bien “hay pruebas sólidas de que los medios sociales pueden facilitar la creación de redes personales de aprendizaje que ayuden a los alumnos a agrupar y compartir los resultados del aprendizaje, participar en la generación colectiva de conocimientos y gestionar su propia creación de sentido” (Dabbagh, 2012), la aplicación efectiva de estas herramientas en el entorno tradicional del aula está resultando difícil. Mientras que las herramientas de los medios sociales funcionan bastante bien para las conexiones informales y personales, el uso escolar ha generado una serie de desafíos en torno a cuestiones como la identidad, la motivación y la evaluación.

América se construyó sobre los ideales del individualismo: trabaja lo suficiente y podrás hacer algo por ti mismo. Nos enorgullecemos de la autosuficiencia, el espíritu empresarial, y contamos historias de desvalidos dedicados a lograr el Sueño Americano. No es sorprendente que nuestra cultura fomente un espíritu de competencia donde el logro individual es valorado y apreciado por encima de las ganancias de la comunidad. En este contexto, el aprendizaje colaborativo parece contradecir nuestros valores fundamentales. Por ejemplo, ¿cómo se siente uno invertido en un proyecto de grupo cuando los participantes no contribuyen de manera uniforme? ¿Cómo recompensamos a los estudiantes adecuadamente por su trabajo? ¿Quién “posee” el A?

Estos temas escolares son representativos de las tensiones en torno a la privacidad y la propiedad que impregnan la gran comunidad en línea. Mientras que Creative Commons ha pisado el puente de la significativa zona gris entre los derechos de autor y el dominio público, la propiedad es todavía difusa. Si hago una captura de pantalla, ¿es mía? Si twiteo sin reconocer la fuente, ¿es ético?

Retroceder y tener una visión más amplia: la colaboración, el intercambio de información y la interdependencia son esenciales para el progreso. Cuando las personas trabajan juntas, nuestras comunidades se vuelven más fuertes y más inteligentes. Pero a medida que se crean más herramientas para compartir información, necesitamos cultivar los medios éticos para dar crédito donde es debido. Tomar información gratis sigue siendo demasiado fácil: las descargas ilegales, el plagio y la violación de los derechos de autor son frecuentes. Nuestra tecnología ha sobrepasado nuestra ética y nuestra actuación policial. Así que hasta que tengamos los protocolos elaborados, tenemos que asumir la responsabilidad personal de la información que nos apropiamos y conservamos. Podemos empezar por cuestionar nuestro uso de la información así como atribuir crédito diligentemente.

El aprendizaje colectivo nos está dando la oportunidad de cuestionar la obstinada adhesión de nuestra cultura al individualismo. Reconocer el poder de la colaboración nos libera de la idea de que necesitamos “hacerlo todo” nosotros mismos. Liberarnos de nuestra habitual competitividad miope nos permite atribuir generosamente sin temer que de alguna manera socavemos nuestro valor personal. </Y cuando confiamos en que los demás honren nuestras contribuciones, no nos aferraremos a nuestro trabajo por miedo a que sea robado o copiado inapropiadamente. ¿Quién es el dueño de la "A"? Quizás, eventualmente, todos lo hagamos, Hamilton, M., Gray, K., Richardson, J., Sheard, J., Thompson, C. & Waycott, J. (2012). ¿Vale la pena? Hallazgos de un estudio de cómo los académicos evalúan las actividades de los estudiantes en la Web 2.0. Investigación en tecnología del aprendizaje (20). 1-15. doi: 10.3402/rlt.v20i0/16153

Dabbagh, N. & Kitsantas, A. (2012). Personal Learning Environments, social media and self-regulated learning: Una fórmula natural para conectar el aprendizaje formal e informal. Internet y Educación Superior (15). 3-8. doi:10.1016/j.iheduc.2011.06.002

Gray, K., Kim, H. & Thompson, C. (2014). ¿Cómo de sociales son las tecnologías de medios sociales (SMT)? Un análisis lingüístico de las experiencias de los estudiantes universitarios en el uso de las SMT para el aprendizaje. Internet y la educación superior (21), 31-40. doi: 10.1016/j.iheduc.2013 .12.001

Foto cortesía de Creative Commons.

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