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El poder del “SÍ”

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El pensamiento positivo se puede resumir en un postulado muy simple: proponer a los seres humanos que busquen un significado dentro de sí mismos, que tomen su propia vida en sus manos, con la voluntad de crear su propia felicidad, en lugar de pensar que la felicidad se hace en otro lugar y de forma independiente de ellos. Para tener una vida más satisfactoria y activar soluciones más efectivas a los problemas, a veces es vital cambiar la forma de pensar.

Por Ananda Ceballos

De hecho, como dijo Paul Claudel, la felicidad “no es la meta sino el medio de vida”. Puede ser el combustible que necesitamos para enfrentarnos a la adversidad. Despreciado durante mucho tiempo y juzgado como “simple” autosugestión, el pensamiento positivo se ha ido rehabilitando progresivamente. En la actualidad se utiliza ampliamente en diversas formas en entornos que van desde el deporte de alto nivel hasta el desarrollo empresarial y personal. El pensamiento positivo es una herramienta poderosa que nos invita a aprovechar nuestros propios recursos internos para superar los obstáculos que nos separan de una vida plenamente satisfactoria.

A Martin Seligman se le ocurrió la idea de reunir, bajo el mismo nombre, un conjunto de teorías sobre la resistencia y la investigación sobre el optimismo. Esto condujo al nacimiento de la psicología positiva, una disciplina que busca precisamente identificar los factores que pueden ser utilizados para desarrollar lo mejor para nosotros. Mihály Csíkszentmihályi, por ejemplo, identificó un estado de “flujo” (flow) caracterizado por una absorción total en la ocupación del momento presente, que permite desviar la atención de los aspectos negativos, sin negarlos, y dirigirla hacia los aspectos felices. Tal Ben Shahar, profesor y conferenciante, impartió un “Curso de la Felicidad” en la Universidad de Harvard para presentar los comportamientos y disposiciones mentales que se supone contribuyen al bienestar sostenible. En el campo de la medicina, los investigadores también han examinado los efectos del “pensamiento positivo” en la prevención de las enfermedades cardiovasculares, descubriendo que las ideas negativas son “cardiotóxicas” y las ideas positivas “cardioprotectoras”.

Y sin embargo, el optimista sigue refiriéndose a su falta de sentido de la realidad. Como si sólo el pesimismo y la desconfianza estuvieran del lado del realismo. Tali Sharot, profesora de neurociencia y psicología en el University College London, ha basado su argumento de que esto no es cierto en los estudios de la propensión natural de los seres humanos a ser optimistas. Pero si el sesgo de “optimismo” existe en el cerebro humano, el sesgo de “negatividad” también existe. Su función principal es mantener la integridad, la supervivencia y, por lo tanto, la tendencia a centrarse en los problemas en lugar de en las cosas que van bien. El investigador de psicología positiva Rick Hanson dice que somos “Velcro para las emociones negativas y Teflón para las emociones positivas”. Es precisamente por este sesgo “negativo” que necesitamos dirigir voluntariamente nuestra atención a las experiencias positivas. Y esto puede tener un impacto real en nuestra capacidad de ser felices.

EL YOGA: EL CAMINO DEL SÍ

Nietzsche nos invitó a “no querer nada más que lo que es”. Un consentimiento amoroso a los eventos que se nos presentan. Porque si aprendemos a decir “sí” en un solo momento, aprendemos al mismo tiempo a decir “sí” a nosotros mismos y a la vida, ya que ese momento es la culminación de toda mi existencia. Al tomar conciencia de la influencia recíproca de la mente y el cuerpo, el yogui experimenta concretamente su capacidad para “calmar los remolinos de la mente” en una postura y ponerse en un estado de confianza y apertura. Practicado regularmente, el yoga puede conducir a comportamientos más flexibles, acogedores y receptivos sin inhibir las emociones negativas. No se trata de estar siempre feliz por todo y estar alegre todo el tiempo. Sería inútil e incluso perjudicial tratar de ser “positivo” a toda costa. Si las emociones positivas son una verdadera fuerza y nos inscriben en el círculo virtuoso de una vida mejor, la tristeza también forma parte de la experiencia existencial y debe ser acogida como tal, pero sin ser abrumada por ella. La práctica del yoga nos enseña a estar positivamente presentes en los momentos agradables de la vida, para que representen una fuerza y un alimento disponible en los momentos difíciles. El camino del yoga nos lleva a dejar de lado la lógica del “hacer”, para simplemente “ser”. Al descartar todo voluntarismo, incluso el de “mejorar”, abre un camino sin esperar. El yoga nos invita a decir “sí” a la vida desnuda, en carne y hueso, a librarnos del “no”, a dejar los mecanismos basados en la lucha y a caminar por el mundo sin espíritu de lucro, tal como somos, perfectamente imperfectos.

Inspirado en artículos de Esprit Yoga

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