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Yoga y artes marciales, ¿las mismas peleas?

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Yoga y artes marciales

Uno cultiva la paz, los otros estudian el arte de la guerra. Sin embargo, de la shala al dojo, sólo hay un paso, que abre el camino a nuevas y poderosas prácticas.

Por Lucile de la Reberdière

Yama, el primero de los ocho miembros del yoga, tiene cinco observancias morales. Primero, ahimsa, la no violencia: no matar o dañar en pensamiento, palabra o acción. La benevolencia forma la base ética y la esencia del Yoga. Un altruismo a priori muy alejado de las artes marciales. La rivalidad, los golpes, la furia, las acrobacias espectaculares… las películas de kung fu han dejado una imagen bastante agresiva de estas técnicas de lucha en la imaginación colectiva. Sin embargo, el yoga y las artes marciales aparecieron en el mismo lugar hace varios milenios.

Como el yin y el yang

En la India, los rastros más antiguos de un sistema de autodefensa se han encontrado en el Rig-Veda: el kalarippayat, que todavía se enseña en Kerala. Se dice que Boddhidarma, un monje budista del sur de la India, lo inventó antes de salir para fundar la escuela de Zen en Japón y la corriente Shaolin en China. En su cuna asiática, donde las enseñanzas de Buda piden la iluminación mediante un comportamiento ejemplar, las prácticas yóguicas y marciales forman parte del camino espiritual. El sufijo “do”, asociado a muchas disciplinas, como el judo, el aikido o el taekwondo, también significa “el camino”. En los orígenes, el arte sagrado del combate estaba reservado a los monjes. Lo mismo ocurre con los brahmanes, hombres de fe, la casta más alta de la sociedad india… y los primeros yoguis de la historia.

Dos caras de la misma moneda, el yoga sabio y las artes guerreras comparten el sentido del ascetismo para acceder a lo divino. Practicadas hoy en día, estas espiritualidades en acción mantienen la salud del cuerpo y la agilidad de la mente, desarrollan la confianza en uno mismo y la atención, aquí y ahora. En el rigor de sus técnicas, códigos y rituales, también conducen a una forma de olvido de sí mismo, preciosa para aquellos que aspiran a la disolución del ego.

Tu rutina que realizarás

Como practicante de yoga, sabemos que cada sesión es una verdadera experiencia interior, donde el cuerpo y la mente se conectan gradualmente en la conciencia de un ser no separado del mundo. También sabemos lo que este sentimiento requiere en términos de atención y paciencia. Llamamos sadhana a la rutina personal, la repetición perseverante de la práctica, cualquiera que sea el humor o el estado de fatiga. Las antiguas artes marciales se refieren al shugyo como un esfuerzo sostenido, un entrenamiento intenso para unificar el cuerpo, la mente y el alma.

El resto de este artículo se puede encontrar en el número de Compagnia dello yoga actualmente en los quioscos o disponible aquí.

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