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Recuperar el equilibrio emocional a través del yoga

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Esterillas Yoga

Ladrillos yoga

Las emociones están en el corazón de nuestras vidas. Pero cuando dejamos que se acumulen sin escucharlos, pueden desestabilizarnos. El yoga nos ayuda a vivir bien nuestras emociones.

El yoga considera las emociones como movimientos energéticos, que aparecen como resultado de una alteración. Luchando, huyendo, inmovilidad… Instantáneamente, nuestro cuerpo reacciona: nuestros músculos se contraen, nuestra respiración se vuelve corta, nuestros latidos se aceleran… Dependiendo del contexto, podemos sentirnos amorfos o hiper-vigilantes. Nuestra concentración es más difícil. Nuestro cerebro hace girar los pensamientos negativos. Se solicita a nuestro sistema nervioso simpático y utilizamos nuestros recursos energéticos. Si la emoción es pasajera, todo vuelve a estar en orden, pero si una emoción se estanca o si es más pronunciada, tenemos la impresión de perder todos nuestros medios y de estar abrumados. Se establece un desequilibrio que puede llevar a la depresión o a la enfermedad. El yoga puede ser de gran ayuda para restaurar el equilibrio.

Algunas posturas a practicar para liberar tus emociones

Vyagrasana (el tigre)

De una sola vez, cava tu espalda, levanta tu pierna derecha, ven y agarra tu pie derecho con tu mano izquierda. Fija un punto frente a ti y estate totalmente presente en el cuerpo y la respiración para mantener el equilibrio en la postura. Permanece unas diez respiraciones y luego cambia de lado. Esta postura abre la pelvis y la caja torácica, estira los músculos profundos, libera las caderas, trae estabilidad y alegría. No se debe practicar si las vértebras lumbares son frágiles.

Vrikshasana (el árbol)

De pie, con los pies en contacto, apoye el pie izquierdo y coloque el talón izquierdo a la altura del perineo. Fija un punto frente a ti y levanta las manos. Sigue respirando libremente, las articulaciones están en micromovimiento, la postura es estable, no hay miedo ni rigidez. Vuelve al exhalar y cambia de lado. Esta asana desarrolla el equilibrio y la concentración

Kurmasana simplificado (la tortuga simplificada)

Siéntese en los alfileres, con las plantas de los pies en contacto. Exhala, pon los brazos dentro de los muslos y agarra la parte inferior de los tobillos. Ponga un soporte entre sus pies para apoyar su cabeza. La tortuga simboliza el retiro de los sentidos, es una postura de interiorización. Toma unas cuantas respiraciones, y luego regresa en silencio. Una asana que trae relajación y centrado, relaja el vientre, estira la columna vertebral y abre la pelvis.

Matyasana con soporte (el pez con soporte)

Acuéstese de espaldas y coloque un ladrillo o un cojín bajo sus omóplatos. La parte superior de tu cabeza está en contacto con el suelo. Ponga las plantas de los pies en contacto y abra los brazos. Cada vez que inspira, siente la apertura en su cuerpo. Con cada exhalación siente una ola de bienestar y calma. Permanece prolongando gradualmente la respiración y dejando que las emociones fluyan a través de ti. Esta postura le permite abrir su corazón y sentirse seguro en la apertura.

Artículo escrito por Edith Grante; poses: Ysabel Pineau; fotos Sébastien Dolidon

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