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Acceder al interior de uno mismo con una sonrisa interior

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Esterillas Yoga

Ladrillos yoga

En el pensamiento taoísta, la conciencia se encuentra en el cerebro pero también en el corazón de nuestros órganos vitales. Aprender a sonreír a nuestros cuerpos y a honrar nuestros órganos significa recuperar el poder sobre nuestros estados internos y decidir vivir con alegría, con nosotros mismos y con el resto del mundo.

por Jeanne Pouget

¿Qué tienen en común el Buda, la Mona Lisa y el Guasón de Batman? Una expresión facial banal y plural que los caracteriza: su sonrisa. Respectivamente espirituales, enigmáticas o aterradoras, las sonrisas de estos tres personajes ficticios o reales de diferentes épocas culturales, geográficas y temporales muestran tanto la universalidad como la diversidad de la sonrisa. Detrás de este mecanismo físico y cerebral de origen inmemorial se esconde también un lenguaje con múltiples mensajes. Uno puede sonreír por simpatía, compasión o amor, así como por simple cortesía, vergüenza o desprecio. También debemos recordar que una sonrisa no siempre es visible – este es el caso de los ciegos, por ejemplo, o cuando estamos en el teléfono – pero puede ser escuchada por el sonido de nuestra voz. Hay infinitas maneras de sonreír, empezando por sonreírse a sí mismo.

La sonrisa, fuente de conexión positiva

En nuestras latitudes, la sonrisa aparece principalmente como una expresión positiva destinada a conectarnos con los demás. Aparece de forma natural en la cara de los bebés como un poderoso comportamiento de apego, promoviendo la interacción social, en primer lugar con su madre. La sonrisa es así comunicativa: un bebé o niño reconoce las sonrisas y sabe devolver la sonrisa. Es un vector muy poderoso, una expresión no sólo de apaciguamiento y paz interior, sino también de apertura, disponibilidad y compasión hacia los demás. Sin embargo, en la edad adulta, nuestra capacidad de sonreír tendería a disiparse. Especialmente en el lugar de trabajo, donde la sonrisa puede asimilarse a la debilidad, como en los animales, donde se asocia con una actitud de sumisión. En el espacio público, una sonrisa pura y sin interés dirigida a un extraño en la calle, por ejemplo, puede hacerte parecer rápidamente una persona extraña o ambigua cuya mirada será rápidamente evitada. Es para reconectarnos con la sonrisa que los taoístas nos instan a practicar la sonrisa interior. Enviar amor, compasión y benevolencia a uno mismo es el primer paso de una actitud altruista que pretende devolver nuestra luz interior a nuestro entorno. El resto de este artículo se puede encontrar en el número de Compagnia dello yoga que se encuentra actualmente en los quioscos o en la tienda online.

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