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Yoga: Aprender a escuchar

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Tenemos que estar atentos a la tentación de no escuchar y responder sólo para aliviarnos o para silenciar al otro. Escuchar es una tarea inmensa. En su Autoportrait au radiateur, el poeta Christian Bobin cuenta este momento en un diálogo: “Respondo a cualquier cosa, respondo para detener la pregunta, no para iluminarla”. De hecho, escuchar es un verdadero trabajo. No se trata sólo de callar y reprimir las palabras o pensamientos de uno. La escucha real es una actividad movilizadora, de ahí el término consagrado, bien conocido por terapeutas, cuidadores, ayudantes: “escucha activa”. También es una actividad compleja, que por supuesto requiere apertura y vigilancia, pero también auto-observación (ver el deseo de interrumpir que surge dentro de uno mismo), auto-regulación (no ceder a los propios movimientos emocionales si lo que se escucha nos perturba) y muchas otras habilidades.Pero, antes de todo esto, lo primero que cuenta es decidirse a escuchar: decidir escuchar solamente – y no discutir o preparar las propias respuestas -, escuchar completamente – con todo el cuerpo, no sólo con el cerebro. A veces nos preocupamos sólo por escuchar: tememos que cuando nos toque hablar, hayamos olvidado lo que queríamos decir, que nuestros argumentos sean menos fuertes y convincentes. En realidad, si hemos escuchado profundamente, nuestras palabras serán más precisas cuando llegue el momento. Porque se habrá nutrido de las palabras de la persona con la que estamos hablando.Así que es simple, como siempre: decido escuchar, sólo y completamente escuchar. Me apoyo en mi respiración, es el amistoso ruido de fondo de mi mente que escucha. Abro mi mente: plena atención a lo que el otro está diciendo, a lo que no está diciendo, también, pero que yo siento. Lo supongo porque también escucho con todo mi cuerpo, y estoy escuchando estas pequeñas señales corporales que me dicen que inconscientemente he percibido algo aún inadvertido para mi mente, pero muy tangible. Escucho al otro, mientras escucho mi cuerpo, mientras escucho mi respiración.¿Suena complicado? Puede serlo si no estás acostumbrado. Si no lo practicas regularmente. Podemos hacerlo durante los diálogos pacíficos no conflictivos; o durante nuestras sesiones meditativas silenciosas, que finalmente consisten en observar cuidadosamente el funcionamiento de nuestra mente y cuerpo, cuando nos enfrentamos a pensamientos, dificultades, impulsos, preocupaciones…No siempre estamos obligados a escuchar de esta manera, en una presencia atenta. A veces, preferiremos participar en intercambios conflictivos, donde lo importante será, por desgracia, tener razón, prevalecer. Pero cada vez que escuchemos de verdad, conmoveremos profundamente a nuestro interlocutor y a nosotros mismos…Por Christophe André y Florent Dulong

Inspirado en artículos de Esprit Yoga

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