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¿Es posible una espiritualidad secular?

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Hoy en día, la búsqueda de sentido y el deseo de elevación espiritual es menos una cuestión de dogmas o de sistemas religiosos que de una práctica de conciencia, que implica tanto al ser como al cuerpo1. Viendo la profusión de obras que aparecen cada año sobre el tema, por no hablar de las webs, cursos o seminarios especializados, nuestra sociedad secularizada tiene sed de espiritualidad. Hombres y mujeres de todas las edades y procedencias buscan un significado y una metafísica que una cultura puramente legal, científica y materialista no puede proporcionar. Una aspiración que no es nueva, pero cuyas formas están cada vez más fuera de las religiones. Una necesidad de espiritualidad que no se construye en oposición al secularismo, sino que busca añadir otra dimensión, un alma extra.El rechazo del dogma y la trascendencia Más que de lo religioso, estamos asistiendo sobre todo a un rechazo del dogma y su transmisión. Esto es comprensible: la historia ha demostrado que uno puede ser muy religioso mientras está alejado de lo espiritual. El rechazo de la religión es también, para muchos, una verdadera aversión a las iglesias institucionalizadas y poderosas, que han estado asociadas durante siglos con el poder político, con repercusiones concretas en la libre elección y la vida cotidiana de los ciudadanos. Estos rechazos han contribuido al surgimiento y desarrollo de esta noción de espiritualidad secular. Algunos prefieren hablar de una espiritualidad sin Dios, o atea, es decir, libre de la idea de trascendencia. Así, algunos filósofos afirman la posibilidad de que un ateo sea también espiritual.La mediación del cuerpo Una vez liberado del dogma cuando está encerrado, o de una cierta idea de Dios, los buscadores espirituales siguen su propio camino. Y hay que decir que este último pasa a menudo por el cuerpo que encarna nuestra búsqueda. Y esto no es simplemente una búsqueda de bienestar psíquico y físico, por muy apreciable que sea. El yoga hace del cuerpo una entidad limitada y transitoria pero útil. La práctica nos lleva mucho más allá de una moral o ética a veces desencarnada, para conectarnos, en las profundidades de nuestro cuerpo y ser, a algo más grande que nosotros mismos. La práctica del yoga nos ofrece la posibilidad de descubrir que podemos haber estado encerrados en un sistema muy tranquilizador de representaciones y creencias, cerrándonos a la novedad, a la acogida del Otro. El yoga entonces quizás nos permite redescubrir el Espíritu presente en nuestro corazón más profundo.

Inspirado en artículos de Esprit Yoga

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